Muere Manolo Solo: el legado de un actor imprescindible

Muere Manolo Solo a los 62 años, según informó la Academia de Cine. El actor español, cuyo nombre real era Manuel Jesús Fernández Serrano, falleció víctima de un cáncer, de acuerdo con la información publicada por El País. Su partida generó sorpresa y conmoción entre colegas, directores y espectadores.

Nacido en Algeciras, Cádiz, Solo fue uno de esos intérpretes capaces de aparecer en numerosos proyectos sin perder identidad. Hubo años en los que participó en hasta 15 producciones diferentes, mientras alternaba cine, televisión y teatro. Esa presencia constante terminó convirtiéndolo en uno de los rostros más reconocibles del cine español.

¿Por qué sus papeles secundarios terminaron siendo tan memorables?

Manolo Solo destacó especialmente en los papeles de reparto, pero reducirlo a esa etiqueta sería quedarse corto. Su trabajo consistía en darle profundidad a personajes que, en otras manos, podían parecer secundarios o fácilmente caricaturizables. Esa capacidad le permitió colaborar con directores de distintas generaciones y moverse entre registros muy diferentes.

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Su formación no siguió una ruta completamente convencional. Estudió Ciencias de la Educación en Sevilla y también pasó por el Instituto del Teatro, aunque no llegó a graduarse. Mientras tanto, comenzó a foguearse en salas y calles, construyendo una carrera basada en el trabajo constante y en la experiencia directa sobre los escenarios.

El teatro ocupó un lugar importante en su trayectoria. Participó en montajes como Ruz-Bárcenas y El Rey, dirigidos por Alberto San Juan, además de colaborar con figuras como Carme Portaceli, Miguel del Arco, Juan Diego Botto y Roger Gual. Por Smoking Room recibió el Premio de la Unión de Actores al mejor actor secundario de teatro.

El papel que lo llevó al escenario de los Goya

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En 2017, Solo ganó el Goya a mejor actor de reparto por Tarde para la ira, la película dirigida por Raúl Arévalo. Interpretó a Triana, un toxicómano marginal al que consideraba un reto particularmente complejo. Según recordó en una entrevista, temía que el personaje pudiera convertirse en una caricatura, pero aceptó el desafío.

El reconocimiento tuvo un componente curioso: Solo aparecía aproximadamente siete minutos en la película, pero consiguió que ese tiempo fuera suficiente para dejar una impresión duradera. Su triunfo también resumió una de las características de su carrera: la capacidad de hacer visible a un personaje incluso cuando la historia no giraba alrededor de él.

El propio actor contó que la ceremonia lo sobrepasó. Al recibir el premio, llegó a bloquearse y explicó que por un momento no ubicaba dónde estaba sentado Raúl Arévalo. La anécdota mostró una faceta distinta del intérprete, alejada de la seguridad que transmitían muchos de sus personajes en pantalla.

Además de ese Goya, fue nominado por B, la película, donde interpretó al juez Ruz, y por El buen patrón, en la que dio vida a la mano derecha del empresario interpretado por Javier Bardem.

Sus últimos trabajos muestran la amplitud de su registro

Entre sus actuaciones más destacadas también estuvo Cerrar los ojos, de Víctor Erice, donde interpretó a un director de cine sin películas frente a José Coronado. La cinta tuvo repercusión internacional al representar el regreso de Erice a la dirección después de varios años.

En televisión, Solo participó en series como Los misterios de Laura, Amar en tiempos revueltos, Aída, 30 monedas y Celeste. Más recientemente apareció en la miniserie Anatomía de un instante, basada en la obra de Javier Cercas sobre el intento de golpe de Estado del 23F, donde interpretó al general Gutiérrez Mellado.

También trabajó en Una quinta portuguesa, de Avelina Prat, como un profesor universitario de Geografía marcado por la tristeza y el abandono. En el Festival de Cannes tuvo buena acogida Aquí, de Tiago Guedes, una adaptación de la obra de J. M. Coetzee en la que su actuación fue celebrada. La película todavía no había llegado a las salas, según la fuente consultada.

El músico y amigo que sus compañeros recuerdan

El nombre artístico Manolo Solo estaba ligado a una faceta musical. Durante los años noventa fue cantante, bajista y guitarrista de Los Relicarios, grupo con el que compartió escenario con el cineasta Santi Amodeo. Su sueño de infancia, según contó, había sido convertirse en una estrella de rock.

Amodeo, quien lo dirigió en varias películas, lo recordó también como un amigo cercano. Alberto Rodríguez, otro de sus colaboradores, destacó esa dimensión personal al señalar que, antes que cualquier consideración profesional, Solo era su amigo. Las palabras de ambos ayudan a entender por qué su muerte impactó especialmente a la comunidad cinematográfica de Sevilla, ciudad donde creció y vivió durante tres décadas.

La agencia que lo representaba afirmó que trabajó hasta sus últimos días. La Academia de Cine y AISGE también resaltaron su talento, mientras actores como Santiago Segura, Miguel Ángel Muñoz y Juan Diego Botto compartieron mensajes de pésame.

Más allá del premio y de los títulos que integran su filmografía, el legado de Manolo Solo está en una forma de actuar que hacía crecer las historias desde los márgenes. La información sobre su fallecimiento corresponde a la fuente consultada y queda pendiente de revisión editorial por tratarse de una afirmación de muerte.